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Viaje a Galicia: Verano de 1996

He recuperado casualmente (mientras que preparaba el post de este miércoles sobre mi hundimiento como opositor allá por el año 1996) unas notas en una de mis libretas de la oposición (en las que no solo anotaba la marcha de cada día) y me ha parecido una estupenda idea recuperarlas para contar un viaje a Galicia que tuvo lugar hace ya casi 24 años.

Salimos de Águilas después de comer camino de Medina del Campo. Nos alojamos en el Hotel La Mota en el que yo ya había parado otras veces en los largos viajes familiares desde Murcia a Lugo. Era un hotel sencillo y parece que actualmente lo sigue siendo. La habitación doble costaba entonces 5.000 pesetas más IVA. Cenamos en el Restaurante Madrid (otro clásico de mis viajes familiares) y que igualmente sigue abierto. Después de la cena salimos a dar una vuelta por Medina y a tomar una copa.

Al día siguiente pusimos rumbo a Cacabelos. Por el camino paramos en Tordesillas y en Astorga. Llegamos a Prada a Tope (entonces estaban situados en La Moncloa y no en el Palacio de Canedo). José Luis Prada se sentó un rato con nosotros al terminar la comida y nos invitó a una ronda de café completo. Después de la comida continuamos camino hacia Orense y volvimos a hacer varias paradas. Nos detuvimos en Villalibre de la Jurisdicción, en los cañones del Sil y a ver el Miño. El viaje se hizo pesado por aquellas carreteras de hace más de veinte años. Creo que hasta puede que no fuéramos por el camino más corto (recordemos que entonces, como máximo, viajábamos con mapas de papel y que preguntábamos a la gente en los cruces y gasolineras). Por fin, llegamos al Hotel Auriense que actualmente pertenece a la cadena Eurostars y que se encuentra a las afueras de la ciudad. Nos pareció un hotel extraño al que le faltaban los cuadros o las televisiones aunque tenía unas habitaciones muy amplias. Estaba como sin terminar. Después de un breve descanso salimos a cenar de tapas por el centro de Orense.

Aquella noche, tomando una copa tras la cena, se produjo una divertida anécdota: Uno de nosotros bebía DYC con Coca Cola y lo pidió. El camarero le dijo: “Non teño DYC. Y el nuestro contesto: “Pues ponme otro whisky que sea nacional”. Y el camarero respondió: “En Galicia non facemos whisky”. Buenísimo. Por lo visto ahora algunos jóvenes le llaman DEYCE al DYC.

A la mañana siguiente, divididos en varios grupos, visitamos la ciudad para luego partir, al borde de la hora de comer, hacia Ribadavia, “Cuna del Ribeiro”. Comimos en Evencio (que también sigue abierto) y que entonces se recomendaba en la Guía del Trotamundos. Lo hicimos copiosamente con alguna sorpresa en el precio respecto de la carta. Algunos dieron cuenta de estupendos chuletones. La comilona iba a retrasar nuestra llegada a Cangas del Morrazo donde íbamos a pasar el resto de las vacaciones y nos esperaba el resto de los viajeros que habían salido unos días antes desde nuestra ciudad. Hacía las siete de la tarde estábamos ya en Cangas.

Al día siguiente cogimos un barco y nos fuimos a Vigo. El barco costaba 400 pesetas ida y vuelta. Pasamos el día en Vigo, comimos ostras y algunas raciones en “La Piedra” y unos bocatas cerca del típico mercado vigués. Después de una larga vuelta por la ciudad volvimos a Cangas. Por la noche algunos nos fuimos a cenar a Pontevedra. Vimos actuar (tal vez estaban en fiestas) al Golden Apple Quartet y cenamos en La Chata (que creo que ya no existe).

A la mañana siguiente nos fuimos a Portugal.  Pasamos por Tuy, Valença do Minho, Vila Nova de Cerveira (dónde comimos caro y mal), Caminha (desde donde cogimos el ferry y cruzamos el Miño con los coches), La Guardia, Bayona y Vigo (donde nos aprovisionamos para una cena en casa). Parte del grupo (el que había salido antes) regresaba al día siguiente a casa.

La siguiente jornada, con mal tiempo, salimos hacia Lugo. Nuestro propósito era llegar a comer pero al llegar a Melide hubo cambio de planes cuando vimos que estaban haciendo pulpo en plena calle. No pudimos resistirnos y nos paramos a comerlo (6.000 pesetas dos tablas enormes, queso, pan y vino). Llegamos a Lugo a primera hora de la tarde y tras un descanso en el Hotel Santiago (que también sigue abierto y que también está a las afueras de la ciudad), nos fuimos al centro. Hicimos la visita habitual y entramos en la tienda de Sargadelos en la Plaza de Santo Domingo. A la noche nos dimos una vuelta por los vinos y terminamos en el Mesón de Alberto (que, por supuesto, también sigue funcionando). Más tarde tomamos unas copas en la Calle Clérigos.

Por la mañana volvimos al centro donde habíamos quedado con mi viejo amigo Roberto a quien conozco desde que coincidimos en 2º de BUP en las Pepas. Nos llevó a comer a una parrillada en Corgo (el Corgo Belga que suele decir mi amigo Eladio de los Fortunatos de Mondoñedo). Después de comer nos llevó a la piscifactoría del Veral (que pudimos visitar) en Rábade, a la orilla del río Miño, y más tarde al Club Los Robles (también junto al Miño). Compramos la cena en Lugo y después volvimos a Cangas.

No podíamos dejar de visitar Santiago, así que lo hicimos al día siguiente. Estuvimos cada uno a lo suyo pero nos citamos para comer. Tomamos un menú bastante bueno por 1.000 pesetas cada uno. De nuevo hicimos compra para cenar aquella noche en Cangas. Otro de los viajeros emprendió viaje de regreso a casa en autobús desde Vigo aquella noche. Al menos eso dijo cuando le dejamos en la estación de autobuses… Ya solo quedábamos siete del grupo de unos días antes.

De nuevo con mal tiempo salimos a la mañana siguiente hacia Bueu. Los días de viaje (ya iban nueve días) pasaban factura y la mitad del grupo se volvió a Cangas tras visitar Bueu. El resto (tres para ser exactos) nos fuimos de visita por la península del Morrazo (playa de Leira, Marín donde comimos en el Restaurante Merendero que creo que sigue abierto, lago Castiñeiras y mirador de Castrorredondo). Se nos presentó una tarde-noche de perros así que al volver a Cangas nos quedamos en casita.

Volvimos a Pontevedra otra vez al día siguiente. Desayunamos churros con chocolate en Cangas y compramos marisco en la plaza para cenar en casa. Comimos en el Asador Pontevedra junto a la Policía Municipal. No sé si sigue existiendo. Después recorrimos la ciudad, también por grupos, y nos reunimos frente al Ayuntamiento para regresar a Cangas a cenar. Esa fue la última noche grupal pues Doña Justa y yo nos quedábamos solos al día siguiente.

Ya en solitario, nos fuimos a Sangenjo a ver a mi abuelo Fidel. Comimos en Rubianes (cerca de Villagarcía) en una parrillada de toda la vida a la que (como dirían en Galicia) tengo ido varias veces a lo largo de los años. Por supuesto, sigue abierta. Por la tarde visitamos a unos tíos míos que nos invitaron a cenar en Villagarcía. En Cangas eran fiestas y al volver nos dimos una vuelta por las barracas. Me sorprendo ver el aguante que teníamos con casi veinticinco años menos. Comida y cenas todos los días.

Una nueva jornada nos permitió completar la visita a la península del Morrazo. Fuimos al cabo Home, a Hío con su famosísimo cruceiro y otra vez a Bueu donde comimos en un bodegón con vistas a la playa y a la ría de Pontevedra. Luego volvimos a Sangenjo a ver a mi abuelo que me regalo 25.000 pesetas. Pensamos en acercarnos a Redondela para cenar y lo hicimos pero no llegamos a bajar del coches porque aquella caía el diluvio universal y regresamos a Cangas donde también llovía a manta. Cenamos en O Porrón y nos clavaron (no sería para tanto …). También es un local que también continúa abierto.

Tras trece emprendimos la vuelta a casa. Aún quedaban días de aquella estancia que habían comenzado mis suegros a principios del mes de Agosto, pero había que volver a la rutina de la oposición. Le devolvimos las llaves a Lita (la dueña, a la que apodamos “a muller fantasma”, puesto que prácticamente no la vimos en los días que pasamos en su casa), y nos fuimos a Pontevedra a comprar unos juguetes antiguos en una tienda del centro (si no recuerdo mal cerca de la Iglesia de la Peregrina). A las 13:30 estábamos camino de Benavente donde paramos a dormir tras pasar por Xinzo da Limia en donde comimos unos bocadillos. El hotel nos costó 8.000 pesetas más IVA con garaje incluido y cenamos en el Hostal Arenas (que también sigue abierto). El hotel tal vez fuera el Tudanca (no lo tengo apuntado y me falla la memoria).

A la mañana siguiente dimos una vuelta por Benavente y hacia las 13 horas emprendimos el regreso a casa. Atravesé Madrid para cumplir el rito de comprar unos sandwiches de Rodilla en la Calle Princesa y a la noche estaba ya cada uno en su casa.

El 3 de Septiembre me puse a estudiar otra vez (o más bien … a intentarlo).

Creo que ya es tiempo de hacer un nuevo viaje a Galicia.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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