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Parador de Albacete

Tras rescatar el coche del Aeropuerto de Barajas donde ha estado estacionado durante nuestro viaje a Bulgaria, hicimos camino hasta Albacete donde teníamos previsto cenar y dormir. La elección, una vez más, fue el Parador de Albacete.

Los que no disfrutamos del AVE (¡con la de años que llevan algunos haciéndolo¡) tenemos que hacer estas cosas raras cuando debemos viajar desde (o hasta) aeropuertos a los que no podemos llegar cómodamente en tren desde nuestras ciudades. Le di muchas vueltas al asunto, como casi siempre que me planteo dormir en el Parador de Albacete, pero al final pensé que llegando a las veinte horas al Adolfo Suárez, tras un largo día de viaje desde Sofía, después unas largas vacaciones y de unas largas Navidades, no me veía con ganas de conducir cuatro horas o cuatro horas y media, teniendo además que parar a cenar, y llegando a casa presumiblemente sobre la una de la madrugada. Puede resultar innecesario dormir a dos horas del destino final, pero un parador siempre agrada y nos apetecía una reconfortante cena antes de meternos en la cama para descansar y terminar nuestro viaje a la mañana siguiente.

Yo diría que había dormido tres veces hasta ahora en el Parador de Albacete y que esta ha sido la cuarta. La primera fue a la vuelta desde Galicia de la boda de una prima. La situación fue idéntica entonces; estábamos muy cansados y no aguantábamos dos horas más de viaje, así que decidimos parar, pegarnos un baño en la estupenda piscina, cenar y dormir largo y tendido. En aquella ocasión casi me dejo los dientes al zambullirme en el agua por el lado equivocado de la piscina. Años después paré en otro viaje (probablemente también veraniego) con mi mujer. Diría que íbamos hacia el Norte y que deseosos de comenzar las vacaciones hicimos noche a tan solo un par de horas de casa. La tercera fue con motivo de un viaje de regreso desde Valladolid acompañado de mi Santa Madre. Volvíamos del entierro de un familiar. La última es esta que estoy contando ahora.

Hice la reserva a través de la web de Paradores con mucha antelación. Se puede cancelar sin gastos hasta 48 horas antes y utilicé mi tarjeta de Amigos de Paradores. Llegamos tarde pero ya había preguntado hasta cuando estaba abierta la cocina del restaurante. El horario es muy holgado (cierra a las 23 horas en pleno invierno) así que podríamos cenar sin problema. En recepción nos ofrecieron convertir nuestra reserva de solo alojamiento en media pensión. Lo valoramos y aceptamos. Tras dejar todo en la habitación, nos fuimos a cenar.

Una vez instalados en el comedor nos pedimos lo que teníamos en mente: las migas del pastor, tan buenas como siempre, con sus finas tajadas, su magro y su tocino, con sus uvas y su huevo frito y previo a las migas una reconfortante sopa de ajo. De postre compartimos una de Miguelitos de La Roda de crema como mandan los cánones de los puristas del género.Bebimos un Cosecha de Familia de Finca La Estacada. Luego a la cama; un poco de tele y a dormir.

Me resultó sorprendente que un aparato de aire acondicionado y calefacción del Jurásico aún funcione, pero lo hace y, además, sin ruidos. Así que no hay queja por ese viejo aparato. Muy correctas las habitaciones, aunque el suelo está muy frío y yo tengo la mala costumbre de andar descalzo. El baño es amplio, está muy bien conservado y parcialmente renovado, aunque, seamos francos, la mampara parece que la hubieran colocado Pepe Gotera y Otilio.

A la mañana siguiente la niebla estaba metida entre los jardines, el sol de Enero y el frío intenso, propio de la zona, nos acompañaron hasta el desayuno en el que los churros fueron la estrella de la pitanza mañanera.

Hasta otra (que estoy seguro de que la habrá). Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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