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Mis Jornadas de “Nuevos Notarios” (Ávila, 2002)

Ahora que se celebran en La Granja de San Ildefonso (Segovia) las Jornadas Nuevos Notarios de la promoción recién aprobada en Madrid, he hecho un ejercicio de memoria a ver qué recordaba yo de las mías y lo cierto es que a dieciséis años vista, me acuerdo de más bien poco.

Veamos

No recuerdo en qué llegué a Ávila (donde se celebraron) ni en qué regresé a mi casa, si es que realmente me fui a casa cuando terminaron pues tal vez continué con mi gira nacional e internacional de aquellos meses.

Sí que recuerdo (diría que tengo flashes) el Hotel donde nos alojábamos y en el que se celebraban las Jornadas que estaba en la plaza de la Catedral de Ávila y en el que compartí habitación con un compañero de mi ciudad. Recuerdo algo de cachondeo por los pasillos en algunos momentos puntuales.

También recuerdo alguna noche, aunque no sé si los recuerdos son de la misma noche o de varias distintas, porque un par de ellas al menos tuvo que haber, y una plaza con una iglesia en medio, en la que hubo una especie de mitin dado por alguno de nosotros y con una masa algo enaltecida tras salir de algún garito y de camino hacia el siguiente.

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Me recuerdo en la sala donde se desarrollaban las Jornadas, en la que me sentaba en las últimas filas en las que también estaba algún compañero ya amiguete desde los estertores de la oposición que habían comenzado con las clases de Eduardo Llagaria en Valencia.

Y, por último, recuerdo que nos habló Juan Bolás. Que me perdonen los demás ponentes por no recordarles, pero siempre recordaré aquello (creo que los 98 de la promoción lo recordamos y recordaremos) que nos explicó sobre “los Notarios A y B” (creo que no había más categorías), en la que los B eran aquellos que se dedicaban exclusivamente a la cría y engorde de sus cuentas corrientes y los A, los buenos Notarios, los de verdad, aquellos que priman el servicio público por encima de sus ingresos. Una buena conclusión para aquellas Jornadas, ¿verdad?

Sinceramente todo lo demás se me ha olvidado, pero el mensaje de Bolás fue un más que suficiente aprendizaje para aquellos días “de vino y rosas” (“o de cerveza y gintonics”) que acercaban “El estado más feliz del hombre”  a su final y que pronto nos iban a poner en la apasionante realidad de nuestros despachos.

Se agradece que alguien me ayude a recuperar la memoria de aquellos días.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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