UNA SEMANA EN CAGLIARI

Atrapados en Cagliari

Esta fue la organización resumida de las vacaciones veraniegas de 2017: 5 de agosto, Águilas-Barcelona y noche en el Grimaldi. 6 al 13, Cagliari, Cerdeña. 13 al 19, Ajaccio, Córcega. 19, Porto Torres, Cerdeña. 20, Porto Torres-Barcelona y noche en Valencia. 21, vuelta a casa. Los apartamentos fueron cosa de Airbnb. En el barco tuvimos un camarote exterior para cuatro. En Porto Torres fuimos a este B&B y en Valencia, dormimos en el Hotel Renasa.

Día 1, de casa a Barcelona

Sudando a tope desde primera hora de la mañana, tras unas ocho horas de coche llegamos a Barcelona, donde tenemos tiempo de subir y bajar las Ramblas de Colón a Canaletas y vuelta a bajar con un corto desvío por las calles adyacentes para cenar algo. Elegimos un local que utilizaba el típico sistema vasco de pinchos. Más apetecibles visualmente unos que otros y ricos todos, especialmente el de tortilla, otro con unas finas lonchas de berenjena y calabacin, espárrago triguero, queso fundido, albahaca y tal vez cebollino y otro de ensaladilla de mariscos con un cortecito de pepino y algún otro variante. Dos buenas cervezas y unas trufas de postre y ya repuestos nos dirigimos a la Estación Grimaldi donde hacemos el trámite para el checking/embarque que resultó ser bastante pesado. Ahora me encuentro acomodado en mi litera y apunto de cerrar el ojo. Ni fuerzas me han quedado para dar una vuelta de reconocimiento por el barco. Por cierto que nadie gaste dinero en la wifi. 16 € a la basura. Te dicen que funcionará a las dos horas de salir y que funciona muy mal, solo en las plantas 11 y 12 del barco (vaya jeta, ¡pues no lo ofrezcáis¡). Teniendo en cuenta que se sale a las 23:45 de la noche es una tomadura de pelo pues dos horas después estarás soñando con los angelitos. Cuidado también con no contar los datos móviles en alta mar pues al ser aguas internacionales quedas fuera del roaming y puedes tener una sorpresita en forma de 75 € cuando estés de vuelta a casa (esa cantidad fue la que me costó a mi la inexperiencia, y no haber creído a mi sobrina Amparo que lo advirtió, por no cortar los datos de tres teléfonos móviles durante los trayectos de ida y vuelta unos días después …. y eso que no había cobertura).

Comentario aparte merece la ocupación de gran parte de los espacios comunes del barco por parte de gente que viaja con butaca y que se acomoda donde no debe con el consentimiento de la compañía Grimaldi y de la tripulación. Gente durmiendo por todas partes, sin zapatos, sin calcetines, tapados con sus mantas y sacos, impidiendo que te tomaras un café, que desayunaras, o que comieras algo o cenaras con una cierta comodidad. Un poco tercermundista, la verdad. Me pensaré mucho volver a viajar en estas condiciones.

Día 2, Barcelona-Porto Torres

Cuando estaba apunto de apagar el coche ya en la bodega del barco se me encendió la luz roja de “batería”. Podía ser una incidencia menor o tal vez no … Por la mañana, tras aguantar una considerable cola para desayunar en el barco y con una hora de retraso sobre el horario previsto, llegamos a Porto Torres. Entramos al barco de los últimos pero salimos de los primeros (eso sí, marcha atrás) y al poco la luz roja de la batería volvió a encenderse. Mala señal. El GPS nos indicaba dos horas y media de viaje para 225 km y pensé que sería mejor una sola parada para comer y continuar camino. La estrada es una auto estrada, autovia que diríamos en España, pero con escasísimos arcenes y firme irregular durante largos tramos. A cambio, abundantes mini áreas para parar en casos de urgencia. Más cerca de Cagliari, la carretera mejoró bastante. Paramos a comer en Santa Giusta. Queso y embutidos locales y cuatro raciones de pasta (espectaculares los carbonara y los de pomodoro y cocce (mejillones)). Después de comer y visitar la catedral del siglo XII, vuelta al coche de nuevo con la luz encendida y ya casi permanentemente. A 35 km de Cagliari decido llenar el depósito de gas oil para olvidarme de repostar en unos días. Cuando me disponga arrancar el coche, no responde, está muertecito Llamo al seguro y se organiza el rescate. Nada más colgar, vuelvo a intentar arrancar y ….  sorpresivamente ¡lo consigo¡ Llamo de nuevo al seguro y anulo el rescate. Puestos a quedarnos colgados que sea en el destino. Pero el destino era el que era … así que cuál Apollo XIII a la deriva, conforme fuimos acercándonos a Cagliari fueron desactivándose todos los instrumentos del coche (el aire acondicionado, la música …), encendiéndose a la vez todas las luces de alarma y precaución del salpicadero y dejando de funcionar todos los indicadores hasta que, casi por inercia y milagrosamente, llegamos a quedarnos parados pero bien aparcados en el 23A de la Calle Giacomo Puccini, esquina con la calle Gaetanno DonizettiEntonces se me escapó una furtiva lagrima … 

Milímetro a milímetro conseguí que las cuatro ventanillas del coche se subieran y entonces continuamos a pie la marcha hasta nuestro apartamento, dejando todo el equipaje en el coche. Cuando estuvimos ubicados, volvimos en taxi a por el equipaje y ya en el apartamento hicimos gestiones para la reparación del vehículo. Al día siguiente vendría una grúa y llevaría el coche al taller. Recompuestos del tremendo calor (de momento nos sorprendió el enorme calor de estos lares y lo árido del camino recorrido, amén de las distancias que ya esperaba aunque no el tiempo invertido en recorrerlas) salimos a cenar. La Vía Barcelona está en pleno centro y pudimos elegir entre un montón de locales. Probamos la botterga (idéntica a la hueva de mújol de nuestra tierra), las ostras, las anémonas, el pulpo picante en ensalada y un carpaccio. Un par de frascas de blanco bien frescas nos consolaron y facilitaron el suelo en nuestro magnífico apartamento al que solo le cabía un pero … ¿se acuerdan de la escalera de La Comunidad de Alex De la Iglesia? Pues nuestro apartamento, de puertas adentro era un oasis de lujo y comodidad y de puertas hacia fuera estaba al borde de la obra ruinosa. ¡Sorprendente!

Día 3, Cagliari

Nos levantamos antes de las 9 para estar en Giaccomo Puccini 23A a las 10 puesto que allí habíamos quedado con el de la grúa que se presentó (previo aviso de la tardanza a la Mutua) a las 11 de la mañana. El fornido gruista cagliaritano nos localizó un taller pequeñito de la marca que se comprometió a arreglarnos el coche un día y medio (“para domani sera”), así que nos fuimos caminando de regreso a casa razonablemente contentos. Entonces empezamos a ser conscientes de que Cagliari es una ciudad bastante monumental. Decidimos hacer un pequeño aprovisionamiento para tener algo en casa, recogimos al resto de la expedición y nos bajamos a la Vía Roma a coger el autobús hacia la playa de Poetto (conocida, muy acertadamente, como la playa de los 100.000). Si se opta por el autobús a Poetto que sea el Poetto Express y sobre pagar o no pagar el bigglietto (1,80 € por barba) que cada cual decida, pero aquí hay muchos que no lo hacen. Los conductores llevan los tickets en sus propias carteras y dan el cambio de lo que parece ser su propio dinero. Se te queda bastante cara de tonto cuando pagas, la verdad, y en cambio se producen discusiones por ir sin camiseta o por qué no se pone el A/A. En fin … Italia también es different. Nos bajamos en la primera de las paradas de Poetto. Tal vez fuera mejor una parada intermedia aunque no parece que se vaya uno a encontrar en esta playa con grandes restaurantes o chiringuitos singulares. Parecían casi todos iguales exteriormente (seguramente concesiones de instalaciones municipales), así que  nos decidimos por uno de los pocos que parecía algo diferente entre tanta identidad. En la playa hay varios enormes edificios-balnearios de pago, con zonas acotadas de sombrillas, tumbonas y baño y con mucha muchísima gente para compartir un arenal y un agua absolutamente decepcionante. 24 horas de viaje, avería de por medio, y encontrar esta playa era una gran jarra de agua helada que solo el relax y el general buen humor del grupo podían disipar. ¡Que cantidad de vendedores ambulantes y que variedad de productos¡ Avanzada la tarde, nos volvimos a casa en autobús y tras descansar un rato, salimos a cenar por la Marina, nuestro animado barrio cagliaritano. Nos decantamos por un restaurante japonés que apuntaba maneras. Un buen local, un buen trato, un ágil comienzo y una absoluta desesperación esperando a nuestra Barca Lovely de 24 piezas que encima se nos quedó corta. Cuidado con el coperto que te endiñan 1,50 € a 2 € solo por sentarte. Un paseito con un helado pone término a la primera jornada en la capital de la isla.

Día 4, Cagliari

Seguimos estancados en la capital, aunque confiamos en que el coche esté listo por la tarde. Madrugamos algo para visitar el Mercado de San Benedeto. ¡Que exageradas son las guías¡ Un buen mercado y poco más. Dos plantas con carnes, pescados, verdura, frutas y algunos puestos más especializados como el de Antonio o con su toque de saber hacer como el del pescadero de abajo que se llamaba Odone y que nos ofreció probar in situ los mejillones crudos con o sin limón y las ostras y que nos vendió galeras, mejillones y pulpo, que junto con la salccicia y otras viandas fueron suficientes para decidir coger el camino de vuelta (otra vez en autobús) al apartamento. Sensacional comida y mejor siesta interrumpida por la mala noticia de que el coche no estaría hasta dos días después. El alternador (el alternatore de la machina) es lo que fallaba aunque tras 350.000 km parece ser una cosa completamente normal. La mala suerte ha sido que sucediera en Cagliari, pero podría haber sido algo peor, así que nos consolamos.

Cagliari es una ciudad animada, con muchos monumentos, bares, restaurantes, tiendas … no nos aburriremos pero la playa nos es indispensable en las vacaciones. Mañana probaremos en Calamosca. Tras la siesta salimos a dar un paseo. Vía Barcelona, Plaza Yeanne, Santa Ana, San Miguel, Anfiteatro, Castelo, unos botellines de agua para aplacar el calor y la intensa humedad y a bajar por el Museo de Arqueología, la Torre del Elefante y la Universidad Cagliaritana. Cenamos pizza mientras el Madrid le ganaba al Manchester y regresamos comiendo un helado a casa para meternos rápido en la cama para dormir a tope y hacer al día siguiente a las 11 horas un City Tour.

Día 5, seguimos atrapados en Cagliari

Preparo desayuno para todos y nos vamos al City Tour de una hora en bus por toda la ciudad para el que hacia hecho una preanotazione un par de horas antes. No hubiera hecho falta: “esto no es Barcelona”exclama el conductor. Para mi gusto el recorrido debería centrarse más en la cuidad. Visita Poetto, las Salinas y regresa a la city con casi 40 minutos agotados, dedicando poco más de quince a la parte monumental. Explicaciones las justas y una sola parada. Tentado estoy de alquilar unas bicis motorizadas para ir a Calamosca, pero Doña Justa me quita pronto la idea de la cabeza, por lo que me veo de nuevo en un bus urbano con un trasbordo que nos revelamos a pagar. Al llegar, Calamosca es lo que esperábamos: una playa intrascendente con un único sitio para comer donde nos soplan casi 80 € por unas ensaladas y poco más. Mucha gente, mal baño, agua caliente …. al menos no hay moscas. Hasta ahora, la verdad, no puedo recomendar Cerdeña … o al menos con estos calores del ferragosto y sin poderte mover de Cagliari. ¿Qué por qué no me alquilo un coche? No lo he valorado seriamente la verdad. Me daba mucha rabia haber llevado mi coche hasta allí para luego tener que alquilar otro. Por cierto, el Trenino se nos fue a hacer puñetas por culpa de un incendio.

Después de llegar a casa, nos vestimos y salimos a dar una vuelta que comenzó en La Rinascente, que sería así como El Corte Inglés sardo, con menos secciones y centrado fundamentalmente en ropa para todas las edades, cosmética, perfumería y complementos. Luego subimos hasta el Bastión de Sant Remy y allí, mientras algunos daban clases de baile, especialmente de tango bajo el son de Felino, nos sentamos en una agradable terraza a tomar unos martinis e Ichnusas, la cerveza nacional sarda. Tras un largo paseo, volvimos a casa a dar cuenta de los excedentes comprados en San Benedetto a Odone, el simpático y comercial pescadero.

El día 6, más Cagliari

A las 11 de la mañana sale el trenino urbano desde la Plaza del Cármine. Nos pasean fundamentalmente por la zona céntrica del barrio Castelo. Es una buena visita, aunque los 45 minutos de duración no llegan a media hora si descontamos los casi 20 que te conceden para visitar el Duomo-Catedral que es una iglesia diferente con varios “pasadizos”. Desde el Arqueológico hasta el Duomo hay poca distancia y allí arriba es posible coger también el trenecito por el mismo precio (no hay posibilidad de hacer medio viaje). Entre ambos puntos, un buen mirador con vistas a Vilanova con su silla del Diablo y con la Marina píccola de la playa de Poetto y el faro de Calamosca al fondo a la derecha, y a las Salinas y a la zona industrial. Un rato después tomábamos el aperitivo en la Plaza de la Constitución al pie del Bastión de Saint Remy mientras escuchábamos a un cantante callejero que nos deleitó con West Virginia o Blowin in the wind. En nuestro cuarto día completo en Cagliari, comimos ostras, queso y salciccia, insalata de polpo e pommodoro y pasta per tutti. Carbonara, ravioli y pasta fresca rellena de patata con forma de higo y muy rica. Cayó una jarra de Vermentino como en casi todas las ocasiones. Después a casa, a esperar noticias del coche que llegaron (tras el susto de un posible nuevo aplazamiento a domani matina) tras la siesta. Recogimos la machina y con ansia de playa, salimos en dirección sur. Craso error. Como Poetto nos había asustado y salimos justo en dirección contraria. Llegamos a estar cerca de las Tumbas de Gigantes pero las dejamos de lado y tras varios intentos de encontrar una playa en esa zona industrial de aguas intrascendentes, regresamos a la city donde solo nos faltaba que hubieran cortado Vía Roma, arteria fundamental de la ciudad lo que nos hizo dar vueltas y más vueltas para encontrar un parking en una ciudad casi sin parkings pero con ora ilimitada. Por fin hubo suerte y encontramos el de Viale Regina Elena, cerca de casa y a 6 € el día. Me volvió a castigar la mala suerte cuando al día siguiente perdí la tarjeta (primera vez en mi vida que me pasa) lo que me representó un coste de 36 €. Un rato después llegaron nuestros compañeros de viaje. Visitaron nuestro apartamento, tomamos un Vermentino y nos fuimos a Sa Schironada donde desesperamos de esperar a pesar de la reserva que teníamos. Digamos que llegó a merecer la pena esperar tanto y no solo por el prosseco…. Sitio con toque elegante y simpático, súper lleno de gente, con algún rebotado que se marchaba cansado de esperar y donde le dimos a los cocce, las almejas, el pulpo entero, el pecorino, tipo Torta del Casar y al asado de costela de cordero que estaba muy bueno aunque le faltara alguna patatina y un poco de salsa. La noche terminó con otro helado.

Día 7, por la fin la playa

Volví otra vez a San Benedetto para comprarle a Odone unas ostras, unas cocce y un par de bogavantes que opté porque él mismo me preparara para la plancha. Una hora ir, volver y comprar y de allí, con el lío de Vía Roma, rumbo al sureste para llegar a Playa Mari Pintau donde comimos entre pinos en un limitado arenal (no sé si llamarle pedregal) y un agua turquesa maravillosa. Sin ganas de marcharme de allí (nunca) nos fuimos hacia la city. De nuevo hubo que aparcar, a casa, de paseo y a cenar en el apartamento lo comprado por la mañana al amigo Odone.

Por fin, habíamos encontrado el paraíso que buscábamos …

Día 8, más playa

Mientras los jóvenes duermen, los mayores nos vamos a dar un buen paseo por la ciudad que comienza en la parte superior del Bastión de Saint Remy y que nos conduce al Duomo, al Museo Arqueológico, la Torre de San Pancracio, el Museo de la Cera Anatómica y la Torre del Elefante a la que subimos por 3 € y que nos proporciona unas espectaculares vistas de toda Cagliari. Bajamos de nuevo hacia Vía Barcelona, curioseando galerías y ateliers y llegamos a casa donde preparamos lo necesario para un día de playa. La seleccionada entre las incontables playas de la zona no nos convence cuando por fin llegamos a ella porque la lengua de arena está a cierta distancia a pie del parking que vigilado por jóvenes ticketeros municipales cuesta 5 € para todo el día y para todas las playas de aquel municipio. Nos vamos a buscar otra más de nuestro gusto y terminamos recalando en otra playa con salida a una laguna salada y a mar abierto. El viento nos obliga a situarnos en la zona más abarrotada de gente. En aquella playa tuve mi tercer momento de felicidad absoluta paseando solo por la ribera salobre y mientras recorría la playa entera de punta a punta. Luego volvimos a Cagliari y salimos a cenar. Escogimos un sitio de apariencia rancia con camareros revenidos que, sin embargo, nos ofreció buenas pastas, pizzas y una picanha muy apreciable. Lástima la garrafa de vini branco porque más fresco hubiera dado el pego. Helado más tarde, recogida y temprano despertador que nos anuncia el viaje de sur a norte en un ruta agotadora de casi 4 horas por una isla imposible de abarcar en la que hemos estado cautivos y atrapados durante cuatro días. Cerdeña es tan grande que hay que elegir bien donde se instala uno y acotar el área que quiere visitar.

Día 9 Cagliari/Ajaccio

Saliendo casi a las 10 horas, llegamos a Gallura a las 13:30. Tres horas y media para recorrer la isla de abajo a arriba. El navegador se volvía loco por momentos, no sabía ni dónde estábamos, ni por dónde dirigirnos. Casi parecía que nos tomara el pelo. Lo que pasó en Córcega, lo puedes leer aquí.

Hora y media de antelación para el embarque resultó ser demasiado tiempo para un ferry de tamaño más bien pequeño que en una hora nos puso en los acantilados de Bonifacio ...

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *