la vocación revista vidriera

Introspección sobre la vocación personal, la formación, la profesión y la devoción (Revista “Vidriera, NºII (2020)”)

Un viejo amigo me escribió el otro díaQuería hacerme una propuesta o solicitud relacionada con la vocación para la revista literaria (fanzine se dice ahora) “Vidriera”: 

¿Aceptarías escribirme un texto autobiográfico sobre vocación, formación, profesión…? La cosa gira en torno al rol de jurista, pero, por supuesto, cuenta además todo aquello que complete tu vocación personal, sea la literatura divulgativa vía redes en que con tanta pasión te mueves o cualquier otra afición y dedicación. En fin, se trataría de un texto introspectivo sobre la vocación, la universidad, la preparación para el oficio, su consecución, pero siempre con la vocación (en ti tan clara desde un principio) informando el intento. En las peculiaridades individuales de cada rastro vital radica el mayor interés, atendidas en esta ocasión con el aglutinante delimitador del ejercicio jurídico. Sin duda, en tu caso tiene un peso extraordinario esa cicatriz que te atraviesa y que es la oposición. Y digo cicatriz porque su huella se muestra indeleble y (gozosamente) permanece en tu día a día como fase cardinal, sin arrumbarse en los desvanes de la memoria. Esas cuestiones son las que deberías contar y sopesar. Sin límites de espacio. Sin excesivas prisas. ¿Qué me dices?, ¿te animas? Gracias, respondas lo que respondas, y un abrazo”.

Le respondí que sí…

La vocación notarial

No sabría decir cuál fue el momento en que decidí preparar las oposiciones a notarías, pero sí que sé que soy notario porque mi padre también lo era. Yo siempre he querido ser lo mismo que era mi padre y además he querido ser un notario de la clase de notarios a la que pertenecía mi padre que fue por encima de todo un enamorado de su profesión.

Hace más de cincuenta años José María Chico y Ortiz, registrador de la propiedad, y previamente opositor a notarías y registros durante bastante años escribía que su “deseo de ser notario se basaba en una serie de puntos de apoyo aparentemente serios y comúnmente admitidos, tales como la luminosa idea del servicio público, el mitológico sentido vocacional y el sugestivo atractivo de figuras triunfantes que con rapidez meteórica estaban pisando asfalto desde que se quitaron las botas de guerrear y se pusieron las botas notariales. También es preciso añadir y, por ello hay que decirlo, pesaba sobre mí la vieja institución de la patria potestad, su decisión y su mandato, que con ardiente fe apostólica me ordenó: haz oposiciones, es tu solución. En España debían prohibir hablar de vocación. Sacrificio, sí; vocación, no. Ni cuando apruebas sabes la barbaridad que has cometido o que han cometido contigo, ni cuando te meten en un seminario sabes de lo que se trata, aunque luego ambas cosas den un buen resultado. Quizá podríamos hablar de vocaciones tardías y de vocaciones “de tres días”.

No tengo claro en que momento empecé a decir que quería ser notario, pero creo que era un niño bastante pequeño cuando alumbró en mi la vocación. Durante la carrera de Derecho mantuve mi aspiración, aunque algo adormecida puesto que no me calificaría de estudiante brillante durante la época universitaria en la que más bien (y como mucho) fui un estudiante normal tirando a bueno. Probablemente ya era opositor a notarías cuando supe que el artículo 1 de la Ley del Notariado define al notario como «el funcionario público autorizado para dar fe, conforme a las leyes, de los contratos y demás actos extrajudiciales».

¿Es necesaria la vocación?

El opositor debe sentir una cierta inclinación a ser notario y conjugar varios elementos para dedicar algunos años al sacrificio de opositar con un futuro más bien incierto. Es difícil saber si para el largo plazo, para cuando las cosas se puedan poner cuesta arriba, hay o no hay «madera de opositor». Hay que tener, para querer ser notario, también cierta inclinación al mundo del Derecho Privado y saber que será fundamental el contacto con el público. No es que hagan falta unas especiales cualidades para ser notario. Seguramente una capacidad normal, una buena memoria y un gran espíritu de sacrificio y constancia pueden ser suficientes.

Siempre me han dicho y no lo niego, pues creo que la sigo manteniendo, que tuve una considerable vocación e interés en abordar la empresa de intentar ser notario. A mis padres no les costó sembrar, fomentar y hacer crecer en mi la semilla de la vocación. Llevar esa vocación a buen puerto fue ya una empresa bien distinta. No niego que en algunas épocas de mi larga oposición de casi once años albergué en mi un cierto resentimiento hacia mis padres que me habían abocado a comenzar un dificilísimo camino que no sabía si iba a ser capaz de hollar hasta el final. Estuve años con la tentación de dejar la oposición y hasta llegué a fijarme un día concreto para hacerlo, pero una vez en el camino y alimentado por la vocación, nunca supe que clase de fuerzas había que reunir para abandonar la meta por la que tanto había luchado y en la que había depositado tanto esfuerzo e ilusión. Esa fuerza que te permitiría dejar de lado las aspiraciones que siempre habían constituido mi única vocación fue siempre menos intensa que la propia vocación en sí. Si no reuní las fuerzas necesarias y sí que las tuve para continuar en los momentos más difíciles (y fueron muchos y más que momentos largas temporadas) es porque tenía (y la sigo teniendo) esa gran vocación, una gran ilusión en el objetivo final y no concebía ser otra cosa que notario. Así que aguanté días, días y días, semanas, semanas y semanas, meses, meses y meses, años, años y años, con rachas y temporadas en las que me vi prácticamente incapaz de estudiar. Tal vez haya que aferrarse a la ilusión y la vocación, en esos días, en esas épocas, especialmente después de los suspensos, en que uno se vuelve loco y se siente anormalmente mal.

Ahora que soy padre, tengo claro que hay que encauzar a los hijos y correr el riesgo de que no les salga lo que pretendan e incluso el de que te lo reprochen en algún momento, que hay que asumir el eventual «si no te hubiera hecho caso” que puedan decirte algún día. Yo estuve predispuesto a la vocación, mis padres consiguieron que anidara y medrara en mí, pero ¿y si el resultado anhelado se retrasa o no llega nunca? He tenido mucha suerte con mis padres y mis padres creo que han tenido suerte con sus planes para con sus hijos. Nos orientaron a todos y lo hicieron bien, pero ¿y si con mi hijo no pasara lo mismo? Cuando las cosas fueron rematadamente mal, mis padres no intentaron hacerme abandonar mi gran ilusión y mi vocación y respetaron mis decisiones, aunque probablemente por momentos hubieran preferido que dejará definitivamente la oposición.

Entre mis ochenta compañeros de curso en el colegio, muchos optamos por estudiar DerechoSe decía que Derecho tenía muchas salidas. Puede que hasta la cuarta parte de mi promoción estudiara Derecho. Creo que fuimos tres los que preparamos notarías o registros. De los tres, solo yo aprobé las oposiciones. Uno lo dejó pronto y otro estuvo bastantes años preparando y finalmente no lo consiguió. No me constaba que durante la época colegial alguno de esos dos compañeros tuviera vocación de notario o de registrador. Tal vez no habían sentido la llamada o vocación en aquellos años preliminares de colegio y de universidad.

La gente es mayoritariamente práctica y la vocación no está regida por la practicidad. ¿Cómo puede sino entenderse que una convocatoria para policía nacional sea firmada por más de 50.000 personas y una para notarías por menos de 1.000? Cualquier niño, cualquier chaval sabe lo que es un policía, pero pocos saben lo que es un notario. Seguro que muchos notarios nunca han tenido vocación de serlo. Puede que mi hermana, que también es notario, sea uno de ellos. Y es que no es indispensable tenerla y no tenerla no supone que vayas a ser un mal notario, ni mejor notario por tenerla, aunque la vocación da al que la tiene, sin duda alguna, una dimensión diferente y más trascendente de su actividad que le hace más feliz y satisfactorio su trabajo.

En el intento de fomentar las vocaciones notariales, últimamente, se desarrollan actividades dirigidas a dar a conocer el trabajo de los notarios entre los niños y los jóvenes. Suelen consistir en visitas a notarías, charlas o incluso prácticas jurídicas de mayor o menor duración organizadas conjuntamente desde el ámbito universitario y el notarial. Las facultades de Derecho y las escuelas de práctica jurídica son las más asiduas de este tipo de actividades y normalmente suelen convenirse para su organización con los colegios notariales (que patrocinan ayudas a candidatos con menos recursos) los cuales, a su vez, nos las ofrecen a los colegiados. En el caso de las facultades, indudablemente se piensa en orientar las vocaciones y en el caso de las escuelas de práctica jurídica, de proporcionar un mínimo conocimiento de la actividad notarial «in situ». Conozco a opositores que trabajan en una notaría a los que la vocación les ha surgido al conocer de primera mano en qué consiste nuestra actividad. Podría estar muy bien pasar un mes o dos en una notaría en contacto directo con el notario viendo cómo es su día a día y su minuto a minuto, presenciando los otorgamientos y las fases previa y posterior, las consultas, las visitas, las llamadas, el estudio, los horarios y la preparación de los asuntos que darán lugar (o no) a nuevas escrituras.

Mi vocación y mi decisión de intentar hacerla efectiva estuvieron claras casi en todo momento, pero fueron impulsadas también por el estímulo económico. No voy a mentir. Sin el premio de unos buenos ingresos no habría aguantado tantos años de oposición, aunque no pueda decir que fuese el estímulo económico lo único que me moviera a seguir opositando.

Probablemente existe hoy una crisis vocacional para ser notario. No parece que haya mucha gente dispuesta a ingresar en un cuerpo en el que cuesta ingresar una media de seis o siete años. En el resultado final del proceso influyen otras virtudes y valores que no se atesoran por todos los candidatos por igual. Las aptitudes (y actitudes) previas de los candidatos resultan siempre fundamentales.

Así que compañero de vocación no te agobies, no llores si no puedes llegar a estudiarte la cantidad de temas que te gustaría o que te haya marcado el preparador; unos opositores son más rápidos, otros somos más lentos. Cada uno debe hacer lo que esté a su alcance sin pensar en exceso en el preparador, ni en lo que sean capaces de hacer los compañeros, siempre que se esté actuando con la necesaria seriedad, rigor y auto exigencia. Tampoco el preparador debería pensar más de la cuenta, a la hora de fijar el nivel de exigencia a cada opositor, en lo que él mismo hacía cuando estudiaba. El preparador tiene que ser duro y exigente, aunque no debe malversar al opositor en esta época en que las vocaciones notariales escasean. Se buscan los mejores notarios (qué fácil de decir y qué difícil de conseguir) y fomentar al máximo (y, sobre todo, no perder) las buenas vocaciones.

Rol de jurista

Mi rol de jurista es el de un jurista práctico. No soy nada teórico. Diría que me aburre estudiar las instituciones porque sí. Si me acerco a ellas es porque me las encuentro en mi trabajo diario, por las consultas que me hacen en mi blog “Justito El Notario” o por el ánimo de enseñar a un pequeño, oscilante y vacilante grupo de opositores al que intento ayudar con el ejercicio práctico. Admiro a los compañeros que discuten sobre cualquier cuestión jurídica con enorme rapidez porque yo nunca he sido capaz de hacerlo. Leo y estudio en esta época de mi vida más que nunca y he desarrollado mucho mis iniciales aptitudes para el Derecho, pero tal vez sea esa vocación lo que me impulsa a enfrascarme en el estudio práctico de las cuestiones que captan mi interés.

Literatura jurídica

Mi literatura jurídica tiene un estilo claro y directo. Dicen que soy atípico, didáctico y ameno. Pienso que había en mi una vocación dormida de escribir. Sospechaba que podía no dárseme mal hacerlo y que esa sospecha unida a mi otra verdadera gran vocación (la notarial) han dado lugar a una inmensa cantidad de artículos volcados en mi blog (www.justitonotario.es) en un periodo de tiempo bastante corto que comenzó en el año 2015.

El cine y otras aficiones

El cine, que ahora tengo más bien abandonado, fue mi principal afición en mi adolescencia y juventud y lo fui abandonando por causa de la oposición. Actualmente, si prescindo de viajar, de la buena mesa y del coleccionismo de papeles, fotografías, documentos y escritos varios que refuerzan mi memoria y mi recuerdo, mi afición fundamental es escribir. Escribir y publicar con la inmediatez que un blog representa y con anuncios diarios en las redes sociales que te publicitan, me está permitiendo divulgar para los opositores, acceder a todas las demás profesiones jurídicas tan estancas a veces de la nuestra y, muchas veces, en sí mismas, y relacionarme con un gran número de compañeros y con cualquiera que se acerca a mis escritos y se atreva a comentarlos o a efectuar sus propias consultas que pueden acabar dando lugar a nuevas publicaciones. El blog ha sido después de todo la herramienta que andaba buscando, sin saberlo, para recopilar mi experiencia vital y profesional con un limitado ánimo de posteridad. Probablemente siempre he querido pasar a la posteridad, pero a una posteridad muy particular. La posteridad de los que me conocen o me conocieron, me quieren o me quisieron, importo o importaré. Hasta puede que solo busque amasar y conservar una posteridad puramente personal que me permita recordar con detalle cada cosa que he hecho en los últimos años y que soy capaz de recordar para contarla en el blog. He vencido al pudor que me daba escribir sobre determinadas cosas y al hacerlo he revitalizado mi memoria y he fortalecido ciertos rasgos de mi personalidad. Escribir se ha convertido en un ejercicio sorprendente y no solo liberador y relajante como desde el principio tuve conciencia de que lo estaba siendo.

La época universitaria

La universidad, tengo que reconocerlo, fue una etapa de pocas penas y de ninguna gloria. No creo que disminuyera ni aumentara ni mis virtudes, ni mis defectos, ni que influyera especialmente en mi vocación, lo que convierte a esta en aún más misteriosa y la enmarca en lo que decía al principio de estas líneas: no encuentro mayor justificación de lo que soy y de lo que hago que en la persona de mi padre por el que siempre profesé (y profesaré) una gran admiración. Estaba convencido de que mi padre sería feliz viéndome notario y yo lo soy ahora siendo lo mismo que fue él. Elemental pero completamente cierto, el amor, respeto y admiración hacia mis padres son en buena medida la causa de lo que soy.

La preparación para el oficio

La preparación para el oficio, una vez terminada la oposición, es casi inexistente en el ámbito notarial. Nos sueltan en nuestros primeros destinos con un escaso aprendizaje que nosotros mismos nos proporcionamos con compañeros y preparadores, de manera que los primeros tiempos constituyen un desbravadero que puede determinar el desarrollo de las futuras décadas de ejercicio profesional. En mi caso fueron mi padre y mi hermana y los empleados de mi primera notaría los que hicieron fácil el camino. En pocos meses redacté mi primera escritura completa y cinco años más tarde hacía el sesenta por ciento de las que autorizaba. Dominado el oficio, fueron surgiendo, casualmente, muchas más cosas que me colocaron en mi situación vital actual en la que mi tiempo se reparte entre los otorgamientos y las consultas, mi parcela de trabajo administrativo de la oficina, las tareas corporativas y con opositores y el mantenimiento diario de mi blog en el que suelo publicar cinco artículos nuevos todas las semanas. Una oficina notarial pequeña, una familia bien organizada y un amor y pasión enormes por todo lo que hago, además de una tendencia al orden, digamos que poco usual, han dado como resultado mi momento personal y profesional actual que no tiene pinta de cambiar demasiado en los próximos años, salvo que como suelo decir últimamente, me acabe cansando de llevar un ritmo insostenible para la mayoría y puede que hasta cierto punto algo insatisfactorio si atiendo a las compensaciones que recibo por hacerlo.

La herida de la oposición

La herida de la oposición dejó una gran cicatriz, pero la herida está curada. Es una cicatriz enorme, aunque no duele, no me duele nada en absoluto (aunque pueda pensarse lo contrario) pero verla, sentirla, me hace recordar todos los días lo difícil que fue consumar mi vocación.

“Bonus track”

En este punto terminó mi artículo. Lo entregué a mi amigo que lo leyó y me hizo algunas sugerencias que acepté. Luego vino el COVID-19 que retrasó la salida de este número de “La Vidriera” que disfruta el lector.

Mi amigo quiso que les contara a los lectores de la “La Vidriera” alguna cosa más y no me quedó más remedio que atender su ruego para hablar de lo que me pedía: mi labor divulgativa y otras concurrentes que me hicieron merecedor de la Cruz de San Raimundo de Peñafort; de mis dos primeros libros puesto que no cabe duda de que son un hito para cualquiera y el primero está muy conexo con mi vocación y, por último, de mi actual destino notarial y de los dos anteriores: Es Mercadal y Mondoñedo.

Acepté y aunque he tardado más de la cuenta, terminaré contando al lector que por lo demás, nací en Madrid el 30 de Marzo de 1968 y que soy actualmente Notario de Pinoso (Alicante). Tras mi licenciatura en la Facultad de Derecho de Murcia, preparé las oposiciones al título de Notario que comencé en 1991 y terminé en 2002. Entre los años 2003 y 2005 fui Notario de Mondoñedo (Lugo), probablemente la época más feliz de mi vida después de una larguísima temporada de duro esfuerzo. Entre los años 2005 y 2008 fui Notario de Es Mercadal (Menorca, Islas Baleares) donde seguí centrado en aprender a fondo mi oficio y desde 2008 hasta la actualidad estoy en Pinoso. Fue al poco de llegar a Pinoso cuando empecé a a sentir la necesidad de hacer algo más que dedicarme en cuerpo y alma a mi despacho notarial.

En el año 2011 me integré en el Grupo de Jurisprudencia de la Sección de Práctica Notarial del Consejo General del Notariado. En 2012 fui nombrado Coordinador de la Sección. El Grupo se integra por unos veinticinco Notarios de toda España. Hemos examinado y catalogado unas 6.000 sentencias de toda clase de Juzgados y Tribunales, incluido el Tribunal Constitucional y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

El 21 de septiembre de 2013, abrí mi cuenta @justitonotario en Twitter y después vinieron las de otras redes sociales. El 20 de Noviembre de 2015 se levantó el telón de mi blog “Justito El Notario” (www.justitonotario.es) en el que tengo ya unas 2.800 entradas publicadas.

He colaborado, además, en diversas cuestiones con el Colegio Notarial de Valencia, del que formo parte, y con el IVEN (“Instituto Valenciano de Estudios Notariales”); en las Jornadas Notartic; con las web notariosyregistradores.com y ¿Qué aprendemos hoy? ycon la FEAPEN (Federación Española de Asociaciones de Empleados de Notarías). También he participado con un pequeño capítulo sobre Catastro en la publicación “GPS NOTARIAL” y desarrollo una intensa actividad con un grupo de opositores procurando fomentar y cuidar la vocación notarial y echarles una mano en lo que me piden y esté en mi alcance. He sido cofundador y actué más de cuatro años como coordinador del  blog colectivo notarial notaríAbierta que conformamos una veintena de Notarios de toda España y en el que se han publicado más de doscientos artículos de índole principalmente jurídica y notarial de los que unos veinte han sido firmados por mi.

En 2019 fui condecorado con la Cruz Distinguida de 1ª Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort. Jamás hubiera podido pensar que después de haber tardado casi once años en aprobar notarías pudiera ahora recibir este gran honor a los 50 años. Para la concesión se ha tenido en cuenta, de una parte, mi labor colectiva vertebradora” que he desarrollado no a través del ejercicio de cargos estrictamente institucionales, sino como coordinador del “Grupo de Jurisprudencia” y de notaríaAbierta, creando una comunidad de profesionales con lealtad institucional que pretende una permanente búsqueda de modernización y enriquecimiento de los recursos colectivos, recabando opiniones de numerosos compañeros para aportarlas a nuestros representantes y sugiriendo propuestas de mejora y, de otra parte, la proyección social de la actividad notarial a través de mi “alter ego”, Justito El Notario.

Este mismo año, pero como proyecto largamente acariciado, he publicado mi primer libro “Nada antes que opositar (Nihil prius oppositio)”, cuyo título parafrasea el conocido lema de los notarios en España: Nihil Prius Fide (nada antes que la fe) y evoca aquel otro libro, actualmente descatalogado, que fue referente para algunas generaciones de opositores a notarías y registros (como la mía) que se titulaba “Oposita que algo queda”. Si el lema de su autor, José María Chico y Ortiz, venía a decirnos que, después de todo, algo le quedaría siempre al que se decide a opositar aunque no lo consiga, mi lema/título iría más allá que el del famoso registrador y tratadista, al atreverme a afirmar que, al menos para mi, lo primero de todo y lo más importante durante casi once largos años, fue opositar y alcanzar el título de notario. No terminaría de entenderse el título del libro sin conocer el lema de mi blog “Justito El Notario” (con esas dos licencias de la E y la N en mayúsculas) y que no es otro que “Nihil Prius Fide&Nihil Prius Manducare” puesto que no solo de la Fide vive el Notario o al menos este Notario que soy yo. Por supuesto, ya que no existía en Roma la acción de opositar en la acepción de “hacer oposiciones a un cargo o empleo”; mi oppositio no es más que una mera licencia literaria y un guiño a la versión latina del lema notarial español.

“Nada antes que opositar” es una recopilación adaptada al formato papel, reorganizada con un criterio diferente, y, en buena medida, una reescritura, de todos los artículos relacionados con mis experiencias y vivencias como opositor al título de Notario durante casi once años, y que, desde 2015 a 2017, – los dos primeros años de la historia de “El Blog de Justito El Notario” – he publicado sobre el que, sin duda, es su tema estrella: las oposiciones al título de Notario“Nada antes que opositar” es una obra escrita “como del revés”. Buena parte de sus contenidos ya estaban publicados en 2017 cuando me decidí a escribir un libro que ya tenía en mente desde que la oposición empezó a ponérseme cuesta arriba allá por el año 1995. Y es un libro del revés porque aquellos contenidos de mi blog, que fueron sus iniciales mimbres, estaban contados, a golpe de consulta de los opositores, recurriendo a mis agendas de la oposición o por asalto a mi memoria y a mis sentimientos, de forma completamente desordenada pues unas cosas me fueron llevando a las otras hasta que un día tuve la sensación de que ya había terminado de contar mi historia y que el libro o las piezas del puzzle que lo iban a conformar debían ya ponerse en orden. Desde 2017 hasta finales de 2019 ha habido cuatro largas revisiones hasta conseguir la cronología que perseguía y que quería que girara en torno al que fue mi primer número de protocolo el cual, párrafo a párrafo, se va intercalando entre los distintos capítulos del libro que los van desarrollando. Aquel acta, que fue mi primer número de protocolo, es el hilo conductor de una historia que terminó así: “Todo acabó la tarde del 29 de junio de 2002. Mi padre estaba en Madrid. Fue al Colegio Notarial a esperar la salida de las notas y me llamó a media tarde para darme la noticia: «Miguel, eres notario», me dijo”. 

“Nada antes que opositar (Nihil prius oppositio)” es un libro autobiográfico que cuenta la historia de mi oposición desde el primer al último día. Pero cuando la oposición se termina, el libro continúa y se adentra en todo lo que ha surgido en los últimos cinco años como consecuencia del blog y que me ha dado lugar a hablar y a escribir tanto sobre el mundo de las oposiciones. No es un libro de auto ayuda pero sin duda creo que ayudará. Ya me lo están diciendo los lectores que opositan o que piensan en hacerlo. Siempre me ha parecido que los libros de auto ayuda en materia de oposiciones suelen olvidar la perspectiva del fracaso, centrándose solo en el éxito, en el “todo va a salir bien” y en “el solo depende de ti conseguirlo”.  Por eso me parecen simplistas y buenistas. Es mentira que todo el mundo va a aprobar: la mayoría de los opositores van a abandonar o a suspender sus oposiciones. El fracaso siempre ronda al opositor y a mi me rondó muy de cerca. Mi libro es un libro realista que podría ayudar a los que quieren opositar o están opositando, a abordar, gestionar y comprender los malos momentos y el eventual fracaso en las oposiciones (en el oppositio) al aproximarles a la visión y experiencia de alguien que estuvo a punto de no conseguirlo. Por supuesto, creo que también interesará a quienes opositaron con o sin éxito, especialmente en el ámbito de las oposiciones a notarías y registros.

Pocos meses después de la publicación de mi primera obra en papel, y esta vez de manera completamente inesperada, llega mi segundo libro que he titulado “Crónica notarial de una pandemia”, recopilación y reescritura cronológica de mis artículos puramente notariales y técnicos o más íntimos y personales, motivados por el COVID-19 y publicados en mi blog entre el 14 de marzo y el 22 de mayo de 2020. En estos días de pandemia, a pesar de mi predisposición natural a la hipocondria, me he encontrado más en la onda del prudente temor que en la del patológico terror. Probablemente este estado mental es el que me ha permitido afrontar estas semanas con una entereza y predisposición a la organización y al trabajo que me han sorprendido hasta a mí mismo y a mis más cercanos, permitiéndome una narración en sede notarial de la historia del COVID-19 desde una completamente exclusiva y muy personal visión de los acontecimientos vividos.

Hay entre Fernando da Casa de Cantos, que inauguró esta serie de artículos sobre la vocación en el primer número de Vidriera y yo, una gran diferencia: yo tengo una vocación muy definida desde siempre y he luchado mucho por ella aunque con el tiempo me hayan salido otras cosas al encuentro como la comunicación, la docencia o la escritura, todo con mi propio estilo y vinculado, con escasas excepciones, al tronco de mi vocación principal: ser notario.

Dentro de los límites de esta humilde publicación si alguien está interesado en disponer de un ejemplar y colaborar, que me escriba a justitonotario@hotmail.com

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario




 

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