Idealizar las oposiciones

idealizar las oposiciones

Dijo alguien en Twitter hace poco: «Cuando apruebes la oposición, aunque no te lo creas ahora, echarás de menos esta etapa. Porque opositar es mucho más que estudiar y entrenar. Opositar es sentir, compartir, sufrir, disfrutar, respetar, madurar. Opositar es crecer para ser».

Y, claro (claro para mi), le cayó un chorreo de los buenos.

Días antes algunos queridos compañeros decían que los comienzos de la oposición son bonitos y que la oposición es muy periodo muy bueno.

Por supuesto yo no estoy de acuerdo en absoluto y creo que los que así opinan lo hacen porque aprobaron rápido y puede que hace ya un cierto tiempo por lo que han olvidado el suplicio  que puede ser opositar, sobre todo si le echas un porrón de años como fue mi caso. También puede que simplemente no les diera tiempo a llegar a sufrir a lo bestia como algunos lo hacemos.

Opositar es un asco y solo tiene una cosa buena, que finalmente apruebes o un consuelo que no es menor: la formación que adquieres y que sin duda te servirá para abordar un plan B aunque esto habría que contrastarlo con tantos opositores que no aprueban, ni remontan y que quedan hechos una piltrafa sin conseguir alcanzar una meta que les haga felices y les compense los años invertidos con lo que la formación les acaba sirviendo de muy poco. Serán una excepción, pero haberlos haylos …

Como en tantas cosas de la vida, la cuestión es completamente opinable y no hay una demostración empírica de lo que digo o … ¿o tal vez sí?

Sí, definitivamente sí y si no es así, ¿por qué yo tengo una sonrisa de oreja a oreja que resulta hasta desproporcionada en la foto de entrega de mi título de Notario y en cambio mi padre que únicamente opositó tres años tiene un gesto serio pareciendo que está mas sonriente el compañero que la hacía imposición de su medalla de Notario? ¡Pues está claro! … porque mi padre estaba fresco como una rosa y yo estaba hecho una braga cuando me llegó el momento con lo que con esa macro sonrisa le estaba diciendo al Secretario de Estado: «macho, no sabes bien de lo que me he librado y lo feliz que me siento en este momento». Ese momento pudo ser la demostración pública y duradera de una felicidad que tuvo su culmen el día 29 de junio de 2002 cuando mi padre me dijo por teléfono: «Miguel, eres Notario». Habían pasado diez años, nueve meses y tres días desde que empezara a opositar el 26 de septiembre de 1991.

Vean, vean … y convénzanse.

foto entrega título


Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario