el expediente del opositor

¿El expediente de los opositores puede fomentar algún prejuicio al tribunal? (nueva versión)

Ayer publiqué esta entrada como Opo Flash. Su buena aceptación y una nueva idea que he desarrollado durante el día de hoy me llevan a hacer algo inusual en mi blog: publicarlo en versión extended al día siguiente de haber publicado su primera versión como Opo Flash.

«Me he animado a escribirte después de años leyéndote. Soy un veterano. Llevo ya siete años de oposición (me cuesta hasta verbalizarlo). Al principio me costó muchísimo adaptarme al sistema de la literalidad (ahora, los temas con mas artículos son precisamente los que me hacen sentir mas seguro), luego hubo algunos problemas en casa y después he sufrido un importante problema de ansiedad que me ha llevado a retirarme o a no presentarme tres veces en el primer ejercicio. ¿Puede ser una «mancha» en mi historial?, ¿puede perjudicarme en futuras convocatorias? Sé que los tribunales disponen de un pequeño expediente de cada opositor. Actualmente me veo fuerte anímicamente para seguir, veo cerca el aprobado, pero tengo miedo a que «mi pasado» pueda hacer que el tribunal no me valore como un opositor serio. Me siento bien, más fuerte que nunca, para afrontar el proceso, pero no sé si «mis antecedentes» pueden jugar en mi contra o si son totalmente irrelevantes. La teoría, obviamente, es que se ciñen al examen que allí hagas; la práctica, la desconozco. A día de hoy, tengo la ansiedad controlada y mi preparador -que es una eminencia preparando y ha sacado muchísima gente adelante- dice que estoy sobradamente preparado para aprobar. Pero, ¿qué hago?, ¿invierto mas tiempo cuando a lo mejor ya voy a priori sentenciado? Agradecería tu sincera opinión. Tengo miedo a tantas cosas que pueden salir mal; he entregado tantos años y tanto sufrimiento a esto -porque sí, en algunos momentos esa ha sido la palabra justa- que considero que la única forma de cerrar el círculo, y que todo esto haya merecido la pena, es con mi aprobado. Para lo que no me veo con fuerzas es para meterme con treinta años en un despacho a empezar de cero. Si algo quiero en mi vida, es independencia, a nivel personal y profesional. Sin embargo, me da miedo que el tribunal conozca «mi pasado» y que piense que soy un «mal opositor». Sé que es usual pedir antecedentes pero, ¿para qué crees que los usan? ¿pueden fomentar algún prejuicio?»

Sí, sufrimiento es la palabra apropiada. Me descomponen un poco los que idealizan la oposición y siempre acabo pensando de ellos que si dicen lo que dicen es porque la aprobaron pronto (o muy pronto).

Entrando en materia, diría que los piden (los expedientes) porque a estos niveles hay mucha igualdad entre los candidatos y puede que haya que valorar las circunstancias (antecedentes) de cada uno. Estas circunstancias, estas variables, puede que te permitan pasar un ejercicio «bajo condición» o que te pasen por alto (o no) alguna cosa si ya tienes cierta antigüedad o si simplemente acabas de empezar y se piensa que serás capaz de remontar en la siguiente convocatoria. En cualquier se usan con fines justos.

La competencia entre los opositores es brutal de cara a un último ejercicio pero en los previos la batalla es fundamentalmente individual. Luchas contigo mismo y juegas con tus antecedentes (siempre hasta cierto punto, claro). También compites con tus compañeros de terna (los del día) aunque lo mas importante por encima de todo es tu actuación de ese día D y de esa hora H. Lo demás solo serán criterios accesorios que podrían salvarte el pellejo o llevarte al hoyo. Yo entre un tribunal que no sepa nada del opositor y otro que maneje su historial, prefiero a este último. Además, lo que te haya pasado en esas convocatorias anteriores en ningún caso te podrá perjudicar si sacas adelante un buen ejercicio. Hasta puede que sea un punto a tu favor terminar el ejercicio por primera vez y que con un nivel «justito» puedan dejarte seguir a fin de ver qué demuestras en los siguientes ejercicios.

Comprendería que alguien pudiera pensar todo lo contrario y, por tanto, que no se debería disponer de esa información puesto que cada convocatoria nada tiene que ver con la siguiente ni con las anteriores y el tribunal debe enjuiciar el examen sin ninguna otra clase de consideraciones. Eso, sin embargo, comportaría, a mi juicio, una deshumanización de todo este tinglado ya suficientemente complicado de por sí y que por ello ha de estar presidido por un ideal de justicia de las decisiones que enlazaría un poco las tomadas por los tribunales anteriores y por los tribunales que hayan de venir.

Difícil cuestión, ¿no?

¿Y si hubieran valorado mi expediente?

Pues en mi primer oral (5,05) yo pienso que lo hice bien y que merecía aprobar. Así lo hice aunque solo saque ese raquítico 5,05. Lo único que podía valorar el tribunal es que era mi primer intento y que con dos años y diez meses lo había hecho muy bien.

Luego llego el segundo oral (mi único suspenso). Lo he contado cien veces. Mi preparador estaba allí y me dijo que aprobaría con la mínima, pero no fue así. Razones: un tema muy malo y un error grave al explicar el funcionamiento de la administración solidaria y mancomunada en la SL que probablemente dejó ver al tribunal que no solo me había confundido sino que no tenía claro el asunto (ambas cosas eran ciertas: me equivoqué pero no lo tenía claro). Resultado: al hoyo. Probablemente pensaran en que era un éxito para mi plantarme en un segundo ejercicio y aguantarlo entero con tres años y medio de oposición, pero inesperadamente me hundí y no pude enfrentarme por vez primera al dictamen en una convocatoria en la que solo había sesenta plazas. Es normal que con pocas plazas no regalen los puestos en el definitivo ejercicio, así que me dieron pasaporte al opozulo.

Después llegó Sevilla y estaba tan hecho polvo que no me presenté.

A la siguiente convocatoria reaparecí y con un milagroso ejercicio conseguí aprobar (5,01) dejando sorprendido al tribunal por la calidad de tres de mis cuatro temas y por lo esquelético del cuarto. Supongo que pude pasar a la siguiente ronda tras una votación ajustada y bajo condición (de que no me volverían a dejar pasar tan «justito» el segundo), valorando que había resucitado de entre los muertos. Cuando llegó el segundo ejercicio volví a sacar un 5,01 (que creo que me gané a pulso aunque no sé cómo de reñida pudo estar la discusión para aprobarme si es que la hubo) y me dieron la oportunidad de enfrentarme a un dictamen en el que debí obtener un rotundo suspenso sin paliativos de ninguna clase, ni expedientes, ni puñetas, por mucho que sobráramos seis infelices de entre los elegidos para la gloria.

A la siguiente me tocó actuar en Barcelona y pienso que no hizo falta tirar de expediente alguno porque aprobé el primero (5,90) y el segundo (5,70) con buenas notas. Plantado por segunda vez en el dictamen también creo que no tuvieron demasiadas dudas en suspenderme aunque tal vez en su corazoncito pensaran «pobre hombre, después de todo lo que ha pasado». Con lo que luego pude aprender para la siguiente ocasión, considero justo el suspenso en el dictamen aunque me hubiera encantado leer el de mis compañeros de cate y especialmente el los de los últimos de cada tribunal, para, mas que nada, valorarme algo mejor (aunque que no tengo claro que hubiera podido hacerlo). Años después siendo Notario de Mondoñedo tuve ocasión de hablar con Miquel Tarragona Coromina que era presidente de mi tribunal y que quedó reconfortado al ver que lo había conseguido a la siguiente.

Después ya vino otra vez Madrid (la tercera en Madrid) y mi aprobado en el dictamen fue muy holgado con lo que no creo que hubiera que tirar de expediente alguno para que me dieran el ansiado premio.

Conclusión

Pues tal vez mi expediente pudo influir para mandarme a freír puñetas en una ocasión y para darme una nueva oportunidad en otro caso. En el resto de los casos creo que mi salto del obstáculo de turno o el derribo del listón, fueron completamente razonables y no tengo nada que objetar casi veinte años después de mi aprobado, aunque mis suspensos sean los culpables de la existencia de Justito El Notario.

En unos días tendremos nuevos ejemplares de «Nada antes que opositar: Nihil prius fide». Se aceptan las reservas aquí.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario




 

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