Vamos a comenzar con unas anécdotas sobre el DNI …
Tuvo mucha gracia (bueno al protagonista no le hacÃa tanta) la historia que me contó aquel cliente al que detuvieron hace años al llamarse igual que otro y no llevar encima el DNI.
Fue parado por la Guardia Civil. No llevaba el DNI y es detenido al coincidir su nombre y apellidos con los de otro a quien buscaban. Eran otros tiempos y estando en el cuartelillo, este pobre desafortunado se llevó algunas bofetadas que tenÃan otro dueño. Al dÃa siguiente se arregló el equÃvoco. Cuando me lo contó me decÃa que jamás ha vuelto a salir a la calle sin el DNI. Sobre bofetadas de la Guardia Civil, yo también tengo mi propia experiencia.
También es “de traca” la historia de ese al que llaman por teléfono desde la notarÃa:
– Fulanito, te has dejado el DNI en la notarÃa
– No pasa nada, tengo tres -responde-.
Completo y tranquilo
No olvidaré la respuesta que me dio un poderdante de mucha edad y años de postración en cama a quien todos conocen como “El Nogalet” cuando le pregunté:
– Nogalet, ¿cómo se encuentra?
Y me contestó alto y fuerte, vocalizando cada sÃlaba como si hubiera estado ensayando:
– ¡Completo y tranquilo¡
Pienso que el hombre aún se veÃa de una sola pieza y que tenÃa la conciencia tranquila. Lo mismo me confundió con un cura…
No tengo datos
¿En qué se parece un adolescente con el móvil en la mano y un oficial de notarÃas que tiene que hacer una hipoteca?
En que no tienen datos.
El deudor desnudo
La confianza con mis clientes tras diez años en la plaza es considerable. Uno me comentaba el otro dÃa que duerme desnudo. Hablábamos del calor, no vayan ustedes a pensar otra cosa.
En invierno o en verano, en casa o en el hotel: “Siempre duermo como me trajeron al mundo”.
Yo le dije que era más conservador y que preferÃa el pijama, como mÃnimo siempre la parte de abajo, aunque suelo dormir destapado.
Hoy ha vuelto a la notarÃa y ha sido como en el cuento de “El Rey Desnudo” de Andersen o cuando te dan el famoso consejo de que te imagines desnudo al Tribunal de las oposiciones para que no te intimide (como si hubiera tiempo para pensar en otra cosa distinta que la que te ocupa): ¡me imaginaba desnudo a mi cliente¡
La próxima vez, prefiero que me lo cuente una mujer, aunque siendo realista es difÃcil que eso me ocurra.
Sobre la desnudez he recordado, a propósito de la anterior anécdota, otra que ocurrió siendo yo Notario de Mondoñedo, mi primer destino. Mi amigo Pedru jura y perjura que subió en el ascensor del Seminario de Mondoñedo, en el que se alojaba durante la inolvidable visita que nos hizo en el año 2004, con un hombre desnudo. Se encontraron en la puerta del ascensor; lo llamaron; llegó; se subieron y se despidieron educadamente. De no haber estado uno vestido y otro desnudo, la cosa no hubiera tenido ninguna gracia. En Mondoñedo supieron ponerle nombre y apellidos al nudista.
¡Ah, Mallorca¡
– Qué bonitas fotos tiene usted en el pasillo. ¿Las ha hecho usted? -me dicen-.
– SÃ, son mÃas. Son de mis destinos anteriores en Galicia y Menorca.
– ¡Ah¡ Mallorca.
– No, Menorca.
– ¡Ah¡ Mallorca -repiten-.
Y ya lo dejo. ¿Qué extraño mecanismo asocia en los cerebros de la gente Menorca como Mallorca? Es increÃble, pero me ha pasado en muchas ocasiones.
Terraza a la catalana
A cualquiera se le podrÃa ocurrir un chiste con esta figura que me encontré en la descripción de una vivienda hace unos dÃas, pero la terraza a la catalana es un tipo de terraza o cubierta tÃpica de lugares cálidos y calurosos. Aquà lo explican. Más usual por estos lares es la cambra (cuya única acepción, en desuso, según la RAE, es la de cámara) que suele consistir en un espacio en planta alta destinado a almacén. También es usual referirse a las plantas bajas y altas, como los bajos y los altos.
Volviendo a lo de Cataluña, no me resisto a mencionar el titular periodÃstico que a propósito de no recuerdo que post, se le ocurrÃa a un amigo tuitero que lo compartÃa conmigo vÃa DM:
“España no quiere ser resto de segregación”.
Queremos vivir
– Lo siento Ramón, ¿cuántos años tenÃa tu padre?
– Pues no era muy mayor tenÃa ochenta y nueve –dice-.
Y otro:
– ¿Y era muy mayor?
Y dudando al contestar dice:
– Ochenta y ocho.
Desheredaciones a lo loco
Tenemos el caso de esa Señora que quiere desheredar a un sobrino.
A aquel otro que en la primera cláusula de su testamento decÃa: “Desheredo expresamente a mis suegros”.
Y el caso de los que quieren demandar a la esposa de un causante que fallece intestado, sin descendientes, ni ascendientes y dicen:
“Es que ella está vendiendo cosas y disponiendo del dinero como si fuera la única heredera”.
También está aquel apoderado que pretende cambiar, en nombre de sus representados y utilizando un poder general, sus testamentos: “Mañana me paso y en un momento con el poder, los cambiamos“.
El niño del sofá
Tengo en mi despacho los muebles que constituyeron el mobiliario de mi padre en su notarÃa durante unos cuantos años y hasta que se jubiló. Un comentario habitual en mi despacho es el de los otorgantes que al mover para sentarse los confidentes situados al otro lado de mi mesa dicen: “Esto no se lo van a robar”, “se nota que son buenos por lo que pesan”.
Ayer vino un niño que viendo el sofá que tengo situado enfrente de mi mesa, tras los cuatro confidentes, inmediatamente se tumbó en él como si en vez de venir acompañando a su padre al Notario, viniera al psicoanalista. Ganas me entraron de hacerle una prueba de la manta. El chaval estaba encantando, le dije que allà dormÃa sus siestas mi padre cuando tenÃa jornadas de mañana y tarde en su notarÃa. No tenÃa ni idea de lo que era un Notario y quedamos en que si de mayor era Notario o al menos lo intentaba que me buscara, me lo recordara y que le regalarÃa el sofá. El padre del niño no estaba nada convencido y hacÃa el gesto de tocarse los codos mientras que decÃa que habÃa que desgastárselos mucho para ser Notario.
“Está en dos escrituras”
Es una confusión habitual en las herencias. Lees la descripción de una finca, lees otra. Se parecen o no se parecen tanto y en algún momento uno de los herederos afirma “pero en Tal Sitio no tenemos más que una finca”. Normalmente hay otro, el que ha encargado la escritura, que responde “es que está en dos escrituras”, refiriéndose a que son dos fincas registrales (trozos suelen decir) diferentes, aunque para ellos fÃsicamente son una sola. No siempre es asÃ, no siempre están en dos escrituras. A veces están en la misma escritura y simplemente son fincas registrales distintas.
Nos vemos en el Episodio XXII. Gracias por las aportaciones.
Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario
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