mi amigo Luis

Seis años sin Luis

Dos años cumple hoy mi blog (y 400 posts he cumplido hace pocos días) y lo voy a celebrar con la apertura de una nueva sección. Se llama Off-Topic y la inauguro en este segundo aniversario recordando a mi amigo Luis. Va a ser una sección un poco oculta, con un funcionamiento distinto al del resto del blog pero que aún no tengo completamente claro.

Y es que tengo desde hace un tiempo necesidad de escribir de cosas que no tienen cabida ni en la Fide, ni en el Manducare, ni en el Opositare. Cosas que se me pasan por la cabeza y que me hace bien escribir o cosas que tenía ya escritas, desperdigadas por aquí o por allá y que no quiero que se pierdan en cualquier cambio de disco duro o en cualquier mudanza.

En la categoría de las ya escritas por mi (o por otros) están las líneas de este post. Son las que le escribimos a Luis varios amigos cuando se nos fue o posteriormente con el motivo de su recuerdo. No les he pedido permiso ni a Alfonso, ni a José Antonio para hacerlo, pero con la devoción que sentían también ellos por Luis, estoy seguro de que me lo dan. Pronto se cumplirán seis años de su muerte y en mi caso he de decir que se ha hecho cierto aquello de que Luis sigue vivo, porque le sigo recordando, está en mi cabeza y está en mi corazón.

Mi amigo Luis (el que hace el signo de la victoria, junto a mi mujer, en la foto que encabeza este post) murió en Diciembre de 2011 con solo 42 años y a causa de la ELAEstoy seguro de que Luis hubiera estado orgulloso de mi por varias razones. Me acuerdo mucho de él, con mucha frecuencia, muy a menudo. Especialmente le recuerdo cuando escucho música. Música española sobre todo, con permiso de The Housemartins uno de nuestros grupos especiales del que hace poco me compré un “Best of”. En mis largos viajes de casa al trabajo y del trabajo a casa, escucho mucha música y Luis se me aparece con la música, y con cada canción siempre algún recuerdo, alguna anécdota, unas risas, una chica, unas cervezas, un gin-tonic de Gordon`sveinticinco años más jóvenes, desde 1979 y hasta 2011. 32 años de amistad ininterrumpida.

Esta sección va por ti, amigo.

Murcia 24/12/2011 (Funeral de Luis)

“Querido Luis,

En esta última carta que te escribo me veo incapaz de decirte lo que siento por ti, así que les he pedido a tus amigos que lo hagan ellos por mí, que me digan una frase, una palabra, un sentimiento hacia ti y me han dicho que eres valiente, divertido, gracioso, cachondo, con un sentido del humor único y especial, de talante intelectual, crítico, cinéfilo, puñetero, cabezón, madridista, jumillano, de Monteagudo, fuerte, irónico, ingenioso, Jeromo, ácrata, donjuanista, follonero, leal, sincero, duro, luchador incansable, hijo ejemplar, resignado, indomable, ocurrente, hablador y buen orador, que hasta el final no has perdido la sonrisa, que la risa es lo que nos ha permitido reconocerte hasta el final, que has luchado mucho por la vida, que nos has reconfortado y hecho sentir mejor con nosotros mismos, agradecidos de nuestra suerte, que nunca te has quejado ni has tenido una mala cara, que eres un ejemplo y una suerte para todos, que nos haces una faena y que no te vamos a olvidar.

Tus amigos”.

“Siempre he pensado que lo terrorífico de la película Gremlins no era la historia banal de aquellos homúnculos verdes, sino el cuento navideño que se narra al inicio: un padre entusiasta quiere sorprender a su familia en Nochebuena, se disfraza para llevar los regalos como Santa Claus, y cuyo cuerpo localizan días después por el olor que desprende, desnucado, desde el interior de la chimenea por la que había intentado bajar.

Aunque el desenlace no tenga por qué ser tan estrepitoso, siempre hay algo intrínsecamente terrorífico en la Navidad. Como lo hay en los payasos. Por eso una y otros gustan a los niños. A los niños les gusta pasar miedo recreativo. Cuando de adulto vives atemorizado todo el año y te das cuenta de que el terror ya va en serio, ya te deja de interesar la Navidad, por resultar redundante. Siempre hay algo intranquilizador en la Navidad, justo detrás del dulzor. Antes de esta Nochebuena me ocurrió una especie de cuento navideño, muy real. Mi amigo Luis Martínez, que no tenía un nombre espectacular, sin embargo era físicamente la pura espectacularidad, un violento choque de moléculas. Padecía alguna forma de esclerosis múltiple, y el efecto era como si durante años algo lo estuviese deshuesando por dentro. Este joven terminó de morir (lo venía haciendo desde hace más de dos lustros) para esta Nochebuena. Con la cabeza alta. Era lo único que le quedaba. Un clásico cuento navideño, mitad horror, mitad elevación de espíritu, como mandaba Dickens. Tuve a Luis como crítico de cine en mi programa cultural de la Cope. Eso puso al final su esquela, bajo una cruz negra: «Luis Martínez, crítico de cine» (llevó la ironía hasta su epitafio). Nadie habrá llevado con más exquisitez lo que él padecía, una guerra civil de partículas. «Mis padres creían que llegaba borracho a casa, cuando me caía en el pasillo. Pero como se repetía demasiado, decidieron que no era posible que bebiese tanto», me dijo sobre su primer diagnóstico. Su padre, que murió trágicamente antes que él, se lo echaba a los pechos como un saco y me lo depositaba en la radio. Luis no podía ni sostener la voz, que le subía como desde el fondo de un charco, pero nunca se le posó ni una pelusa sobre sus jerséis de cuello de caja y aquel corte de pelo sacado de un anuncio de colonia ´Álvarez Gómez´. Exactamente la imagen que tuvo siempre, desde que compartíamos adolescencia durante unos veraneos en Irlanda, cuando todo parecía que nos había sido dado. Seguir manteniendo obstinadamente la imagen de niño aseado de los años ochenta cuando en tu interior se celebra la reproducción a escala del Apocalípsis es mucho más que un rasgo de ´dandismo´: es la más alta forma de protesta contra el azar cósmico. Algo que no ha estado al alcance ni del astrofísico Stephen Hawking, quien tanto ha dedicado a luchar contra el caos indiferente del que venimos, por el método de demostrarlo. La vida física de Luis ha ido paralela al recuerdo de aquellos agostos irlandeses en que nuestro único oficio era reírnos. Las épocas felices eternizan su apariencia cegadora en la mente, igual que Luis quiso ser, hasta el final, aquel niño de sonrisa transparente. Ido Luis, aquel tiempo y aquel lugar se me han derrumbado con estrépito de cristales”.

José Antonio Martínez-Abarca

Ios amigos de luis

Murcia 24/02/2015 (Reunión con motivo del tercer aniversario de la muerte de Luis).

Si todavía conservas este numero de móvil, me gustaría contarte que hemos quedado a comer en tu honor. Justito y Alberto han currado como cabrones para hacer que la convocatoria llegara a todo el mundo. Menos mal que tu primo (que hemos descubierto que es tío) estaba poniendo orden. Por la lista del grupo, sabes que te tenemos un poco de aprecio. Siempre has sido mordaz, todo lo que decías tenia doble intención, y no entendemos por qué no tenias un puesto en La Codorniz. Lo tenías ganado a pulso. Siento que no vinieras para darte cuenta que te tienen aprecio, aunque no mucho. Me dicen que nos miras desde arriba, y sabiendo tus conocimientos de informática, deduzco que trabajas en Google Earth. Varias personas (que no yo) comentan tu capacidad de aunar multitudes. Siendo de Jumilla lo pongo en cuestión. Sí es cierto que era un comentario común tu buen animo, de hecho Justito lo reduce en una frase que por efluvios etílicos no recuerdo. Te queremos Luisico, y desde tu privilegiada posición en Google Earth, te pido que sigas guiando nuestros pasos como lo has hecho hasta ahora. Tienes tirón, y sabemos que eres de “Gracias a Dios Podemos”, pero no bajes la guardia en la ayuda que de ti necesitamos todos los días. Nadie como tu ha sido tan ejemplarizante, y si nos desmandamos, llámanos. Hablo por todos cuando te digo que te queremos. Mucho. Más. Nos gustaría que estuvieras hoy y siempre en nuestras vidas. Gracias Luisico.

Tus amigos.

2016

PREMIO CONTINENTAL AL CINECLUB “SEGUNDO DE CHOMÓN”, A LA SEMANA DE CINE ESPAÑOL DE MULA Y SU MIEMBRO DEL JURADO LUIS MARTÍNEZ

Tuve el honor y la melancolía de haber sido jurado en las dos últimas ediciones de la Semana de Cine Español que se celebraba en la capital de la Región de Murcia, bajo auspicios de los componentes de la asociación “Mestizo”, en la última década del milenio pasado. De eso ya hace tanto tiempo que tengo que consultar en las hemerotecas (de papel) que efectivamente se trataba de mí, porque no me fío de lo que yo mismo me cuento.

Eran los últimos años en que nos dábamos el lujo de ver películas, y españolas, nada menos que en el Teatro Romea. Aunque para mí el auténtico lujo fue entrevistar con emoción a “Chanquete”, cuya muerte acababa de ver al menos doce años seguidos en las reposiciones de “Verano Azul” de Televisión Española pero que anticipaba ya la verdadera del actor que lo encarnaba, un ya muy enfermo Antonio Ferrandis. El “¡Chanquete ha muerto!” fue el grito de toda una generación, el “¡Gerónimo!” de los años ochenta, pero estuve por exclamarlo yo de nuevo en el Romea cuando conocí, tan sabio y terminal, a Ferrandis. Después de despedirme para siempre de un “Chanquete” que en efecto estaba por morirse, una tarde en el Romea que recuerdo muy oscura, yo ya había pagado la deuda sentimental con mi juventud.

Aquella Semana de Cine Español de Murcia no debió dejar de celebrarse, en mi opinión no autorizada. La organización era muy buena, venían muchos jóvenes realizadores que luego alcanzaron la fama y actores con “glamour”, y el coste de explotación, por decirlo así, era pequeño, si lo comparamos con otras cosas que se han hecho luego. Tan útil era que antes de aquellas últimas ediciones en Murcia ya había empezado otra semana de cine español en la cercana localidad de Mula, a cargo del cineclub “Segundo de Chomón”, aquél prestidigitador de la época heroica del cine. Pronto se celebrarán los treinta primeros años de la semana de cine español en Mula, que nació antes que muriera la de Murcia. Espero que los muleños no dejen que se extinga algo que los murcianos de la capital sí dejamos. Comprendo que eran tiempos políticamente turbulentos, que se iba el socialismo y venía el poder popular, pero en la mudanza, que fue un largo proceso que duró al menos dos o tres años de agonía, se perdió, por lo que fuere, algo que merecía la pena conservarse. Creo que fue una lástima.

En Mula parece que lo han tenido más claro. Con previsibles pocos medios han mantenido el foco anual sobre la localidad. Allí fue jurado durante varios años mi inolvidado Luis Martínez, a quien quisiera extender el premio que ha concedido este año El Continental Bistró a esa semana de cine español de Mula. Luis Martínez fue un chico de cabeza privilegiada y gusto cinéfilo exquisito que murió de esclerosis, en medio de circunstancias personales y familiares de una tristeza inaudita. Sin darme cuenta, se convirtió en el crítico de cine de mi programa de cultura en la cadena COPE. Con los años, debido a su mal progresivo que ya le subía hasta la garganta, su hablar se fue volviendo un tanto cavernoso, pero a mí eso me recordaba el atropellamiento torrencial del mejor comunicador sobre cine que ha existido en Televisión Española, el gran, y murciano, Alfonso Sánchez. Su lucha contra la enfermedad no fue nunca dramática. Su género favorito no era precisamente el drama. Luis prefirió combatirla con la comedia sentimental, y con aquella gracia angélica, fresca y sana, que nunca lo abandonó. Hizo de sus últimos años en el planeta Tierra una obra maestra para la gran pantalla. A mí aquella ligereza profunda, sutil y entusiasmada de Luis mientras su cuerpo se iba volviendo de cemento y todo su mundo se derrumbaba alrededor me impresionó tanto que aún, casi cinco años después de su muerte, no se me ha quitado el susto.

Puso en su esquela mortuoria, publicada en prensa, “Crítico de cine”. Aferrándose siempre a lo bello, a todo aquello por lo que merecía la pena seguir hasta el minuto siguiente, Luis añoró hasta el final nuestras charlas sobre jóvenes actrices en la COPE, que llegaban hasta donde permitían los obispos, y un poco más allá tal vez. Alguien podría considerar que este merecidísimo premio “Continental” hacia el cineclub “Segundo de Chomón”, hacia la Semana de Cine Español de Mula y hacia quien fue miembro de su jurado, Luis Martínez, tal vez llegue tarde para él. Pero, en realidad, el galardón no llega tarde sino que él se fue demasiado temprano. De casi todo. Afortunadamente, no de nuestra memoria.

José Antonio Martínez-Abarca.

Hasta siempre querido Luis. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario




 

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